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Mi boda en La Granja

Ya hace mucho tiempo que celebramos nuestra boda en el Restaurante Canónigos, pero nos han dado la oportunidad de contar nuestra historia, y estamos encantados de poder hacerlo. Estaba muy nerviosa, porque la fecha que habíamos fijado se acercaba, y nos surgieron unos problemillas de última hora que amenazaban con echar a perder todo lo que habíamos planeado. El mal humor y el pesimismo aparecieron y, bueno, parecía que todo iba a ir mal. El vestido se retrasó mucho desde que lo elegimos, la iglesia nos cambió la fecha porque hubo un error de reserva, y lo único que permaneció intacto fue el Restaurante Canónigos. Tuvimos que cambiar la fecha del banquete en el restaurante porque el día escogido para la boda no estaba disponible en la Iglesia. Tuvimos que avisar a todos los invitados, algunos venían de fuera de España, y por suerte, solo se aplazó al día siguiente, por lo que todo el mundo pudo asistir sin problemas.

La boda la celebramos en Segovia. Mi marido es de Valladolid, pero yo soy segoviana, y ambos vivimos aquí desde hace muchos años. Parecía la opción más lógica. La Iglesia nos acogió a todos, los preparativos y la decoración del lugar estaban a punto, y solo faltaba dar el “sí, quiero” Mi vestido decidimos no comprarlo en una diseñadora de mucho prestigio porque se nos salía del presupuesto, por lo que elegí este gran largo vestido blanco, precioso a mi parecer, con encaje en la zona del pecho, algo más ceñido que el resto, que caía desde mis caderas hasta el suelo. Los zapatos, blancos, eran unas sandalias con tacón de mediana altura para poder aguantar todo el día (y parte de la noche) con ellos puestos. La celebración se alargó más de lo previsto, y qué buena elección hice a la hora de escoger el calzado. Mi marido iba hecho un pincel, en su traje azul marino y su pajarita. Quería destacar del resto, y se negaba a ponerse un traje negro con corbata.

El banquete fue espectacular. Con nuestro cóctel de bienvenida, el calor se hizo más soportable en la terracita que prepararon los encargados del Restaurante Canónigos para nosotros y todos los invitados. Según iban viniendo, tomaban algo y ya nos fuimos metiendo todos en el restaurante, sentándonos cada uno en nuestros asientos asignados previamente. El menú no fue nada caro para ser un banquete de boda, y creo que todos los invitados quedaron satisfechos. Nosotros, desde luego, estábamos encantados con el servicio, la calidad de la comida y el menú escogido. Las Ranas creo que se llamaba. Recuerdo preguntarle a uno de los camareros que por qué se llamaba así el menú, un tanto peculiar. Me dijeron que una de las fuentes del Palacio Real recibía ese nombre: Las Ranas.

Qué decir del Palacio Real de la Granja. La teníamos enfrente, estábamos en los mismísimos jardines, y yo no necesitaba más para sentirme la princesa de aquel lugar. Fue un día inolvidable.

El novio también es el protagonista de las bodas


Normalmente, cuando se habla de bodas, se le da demasiada importancia a la novia, a su mágico vestido, sus tocados, maquillaje, complementos, zapatos.. Es algo normal, ella es la princesa de cuento que ve cumplido su sueño. Es la mujer más deslumbrante que habrá en la ceremonia, y su vestido también suele ser el más caro. Pero, ¿qué pasa con el novio? El novio también forma parte del acto, y por tanto, es protagonista indiscutible del evento. Muchas personas se fijan en ella, en cómo anda cuando se aproxima al altar, en su estilo al escoger el vestido… A mi parecer, la cara del novio suele reflejar todo lo que significa una boda. Los hombres suelen ser los más reacios a casarse, normalmente, por eso ver la cara del novio al contemplar a su futura mujer mientras se va acercando a él…no tiene precio.

El traje del novio:

Al igual que la novia, él también tiene que ponerse guapo para la ocasión, también es su momento, y querrá lucir como el hombre más apuesto de la celebración. La caída del pantalón del traje del novio tendrá que tener las medidas perfectas para que caiga por encima del zapato. Lo más recomendable es no mostrar los calcetines, ya sea porque el pantalón es demasiado corto o al andar.

Tomarse su tiempo para escoger un traje a medida es muy importante, tiene que quedarle como un guante, presumiendo de día, y de porte. Dependiendo de cómo sea el vestido de la novia (muy cargado, sencillo, blanco o de otro color) él tendrá que ir conjuntado. Una de las alternativas es utilizar un chaleco sobre la camisa; es una opción elegante y muy fresca en días de verano. ¿Un consejo? El último botón queda mejor desabrochado. Las mujeres suelen tener muchas posibilidades a la hora de vestirse de etiqueta, pero los hombres solo disponen de tres:

 

– Chaqué: Traje que se desenvuelve a la luz del día, preferentemente negro, aunque últimamente el gris se está poniendo de moda. Su origen se sitúa en el pasado siglo XIX, en el que se utilizaba esta prenda para montar a caballo (por la Corte Británica) Era considerado un conjunto deportivo. Para que el traje cumpla con sus funciones, la camisa tiene que ser blanca, y la corbata puede adornarse con todo tipo de complementos afines al color de la misma y del traje en su conjunto. Normalmente es de color gris. La chaqueta posee faldones algo separados en la parte de atrás, de color negro normalmente. En cambio el pantalón es gris, o a rayas verticales, que van acompañados por unos zapatos de charol bien elegantes.

– Esmoquin: Muy clásico, la elección por excelencia para este tipo de acontecimientos porque es perfecto para actos que se celebran a última hora. Hay que tener en cuenta que el novio permanecerá con el mismo atuendo todo el día (dependiendo de cuándo sea la boda) hasta altas horas de la noche (entre el banquete, el baile y demás, la ceremonia se suele alargar bastante)

– Frac: El traje más elegante de todos, se utiliza normalmente para cócteles nocturnos en lugares cerrados. Es la máxima etiqueta en un hombre y se caracteriza por su chaqueta, corta por delante y alargada por detrás a base de dos faldones y un cuerno final.

Una boda perfecta en La Granja

María y Jorge se casaron hace ya un tiempo. Se enteraron del blog de nuestro restaurante, y han querido compartir su experiencia. Restaurante Canónigos tuvo el honor de ser el anfitrión del banquete y nos ha alegrado (y sorprendido) esta nueva iniciativa. Para los amantes de las bodas, disfrutaréis mucho con este tipo de testimonios.

Resulta absurdo que, después de tantos meses, decida compartir ahora mi paso por el altar. Pero creo que desde la lejanía, puedo apreciar con más añoranza e intensidad aquel momento inolvidable. Y, por qué no, compartirlo con el mundo para que no desaparezca nunca. Un manojo de nervios impropio en Jorge empezó a hacerse visible en él. Lo que yo no podía esperar era que tras esa fina capa de inseguridad y temor se escondía una proposición de matrimonio que me pillaría por sorpresa, y echaría por tierra todas mis dudas sobre su posible aventura. No pude ser más feliz. Aquella noche llevé puesta la sonrisa hasta el amanecer. Pero no me paré a pensar en lo que eso significaba. ¡Una boda! Presupuestos, invitados, reserva de algún lugar donde realizar la celebración, lista de los regalos de boda, el vestido, el banquete…¡madre mía!

Por un momento, me sentí agobiada ante todo lo que me esperaba, pero solo había que ver la ilusión que tenía él ante cada minúsculo detalle del evento. Fijamos fecha, y salimos en busca de la iglesia perfecta. No nos costó demasiado, la Parroquia de San Fermín de los Navarros nos conquistó tan solo con su majestuosa fachada. Establecimos la fecha y el horario de la celebración. Pero un problema empezó a surgir, ¿y el banquete? Visitamos varios restaurantes de la zona para ver si se adecuaban a lo que estábamos buscando, pero ninguno daba la talla. O eran demasiado pequeños, o eran grandes, ruidosos y nada elegantes. Unos amigos nos recomendaron el Restaurante Canónigos, pero en un principio nos mostramos reacios ante el sinfín de inconvenientes que veíamos (el restaurante estaba a más de una hora de la iglesia)

Nos pusimos en contacto con el restaurante y, una mañana, decidimos visitarlo para ver qué tal era. La verdad es que ambos quedamos bastante sorprendidos por el entorno que rodeaba a R. Canónigos. Casi podías tocar el Palacio Real con los dedos. Y esos jardines, esas fuentes… era un lugar maravilloso, y pudimos entender por qué tanto interés por aquel lugar. Nos pusimos manos a la obra. Planificamos minuciosamente la lista de invitados para evitar desplazamientos engorrosos, y contratamos los servicios de catering del restaurante. La verdad es que con la amplia gama de menús y precios, no fue fácil elegir. La clave estuvo en pensar en los invitados. Ya sabéis, sus gustos, preferencias..algo que complaciera a todo el mundo.

He de decir que sin el personal del restaurante, habría sido mucho más complicado organizar el banquete a gusto de todos. Nos ayudaron en todo momento y por eso he querido compartir nuestra historia. Y por supuesto, haceros la misma recomendación que nos hicieron a nosotros aquellos amigos. Aunque parezca un lugar poco adecuado por su localización, merece la pena, de verdad.