Isabel de Farnesio, la parmesana

Hoy queremos que conozcáis un poco más a una reina de España que fue muy importante para La Granja de San Ildefonso, la Reina Isabel de Farnesio. Además, aprovechando el ciclo de conferencias que se ha organizado en torno a su figura en el Centro Nacional del Vidrio, podréis saber y entender un poco mejor su trayectoria como consorte y regente en la España del siglo XVIII.

Sus orígenes

Isabel de Farnesio nació en Parma el 25 de octubre de 1692. Segunda hija del Príncipe Heredero de Parma, Eduardo II de Farnesio, y de Dorotea Sofía de Baviera – Neoburgo, terminó por tener en sus manos el título de duquesa de Parma a pesar de estar alejada en la línea sucesoria. Primero, su padre y su hermano murieron, en 1693, cuando Isabel solamente tenía un año de vida. Más tarde, sus dos tíos, Antonio y Francisco (este último en 1696 pasaría a ser su padastro) también mueren sin descendencia, tras ejercer de duques de Parma. Así que Isabel termina por convertirse en legítima heredera de los títulos de Parma y Médicis, el último a través de su bisabuela paterna, Margarita de Médicis, en 1743 cuando la rama familiar se extingue.

isabel de farnesio

Según las descripciones de la época, no era “excesivamente guapa, aunque de porte distinguido: tenía el rostro marcado por las viruelas, expresivos ojos azules, nariz prominente…pero resultaba “agradable y, por encima de todo, dejaba traslucir una energía e inteligencia fuera de lo corriente”. Durante estos años de vida en la corte de Parma, Isabel recibió una exquisita y cuidada educación, contando con los maestros más prestigiosos de los cuales aprendió gramática, retórica, geografía, historia e idiomas, llegando incluso a dominar hasta siete lenguas diferentes (francés, castellano, latín, toscano, griego…). Del mismo modo, se le otorgó una destacada formación artística en baile, pintura y música (tocaba el clavicordio). Adoraba especialmente la lectura y la pintura, logrando hacerse a lo largo de su vida con importantes colecciones de ambas disciplinas.

Isabel, reina de España

En 1714, con 22 años, Isabel se casa con Felipe V, rey de España. Para Felipe éste sería su segundo matrimonio, ya que enviudó tras la muerte de su primera mujer María Luisa de Saboya. El monarca español contaba con dos herederos, sus hijos Luis y Fernando, estando asegurada así la continuidad dinástica. Sin embargo, Felipe era conocido por su gran afición a las mujeres, hecho que también le ocasionaba grandes problemas morales dada su ferviente pasión religiosa. Por este motivo, sus asesores y consejeros en la corte, sobre todo la princesa de Ursinos y Jean de Orry, consideraron que Felipe debía volver a contrar nupcias para evitar sus excesos y preocupaciones, y se ocuparon de orquestar un matrimonio que, además de tranquilizarle, le asegurara beneficios territoriales (de este modo recuperaría territorios que la Corona de España había perdido recientemente en el Tratado de Utrech). La elegida no fue otra que nuestra querida Isabel, duquesa de Parma, presentada a la princesa de Ursinos por el cardenal Alberoni, arzobispo de Málaga, que la definió como “una princesa sumisa, obediente, sin deseos de mando, a la que no le gusta mezclarse en los negocios de la nación ni en las intrigas que rodean el trono… es una buena muchacha, regordeta, saludable y bien alimentada… acostumbrada a no escuchar otra cosa que no se refiera a la costura y el bordado”. Como es lógico, esta descripción entusiasmó a la casamentera princesa de Ursinos, sin embargo, no tardaría mucho en darse cuenta de que tal descripción no era más que lo contrario a la verdadera personalidad de la duquesa italiana. Por su parte, el cardenal Alberoni vería recompensada su labor de recomendación tomando importancia en la corte española una vez Isabel fue reina consorte.

El matrimonio no se hizo esperar, realizándose en Parma por poderes, algo normal en la época. Enseguida, Isabel comenzó su viaje a España, su nueva patria, atravesando el país francés, en donde se molestó en ponerse al día de la situación en la corte española. A pesar de que Felipe V esperaba a su nueva esposa en Guadalajara, la princesa de Ursinos se adelantó hasta la localidad de Jadraque para recibir a la nueva reina, el 22 de diciembre de 1714. El encuentro no salió tan bien como la consejera se esperaba, demostrando desde este primer momento que Isabel de Farnesio no era la insignificante muchacha de la que le habían hablado. La princesa de Ursinos la trató con excesiva familiaridad, algo que encolerizó de tal manera a la nueva reina de España que en ese mismo momento firmó la expulsión de la consejera del país, así como de todos sus acólitos en la corte, acabando con la influencia francesa en la corte e imponiendo la italiana. Sería dos días más tarde, en la Nochebuena de 1714, cuando los esposos se conocerían, ratificando y celebrando su boda en el Palacio del Infantado de Guadalajara.

Durante su matrimonio, el equilibrio de poderes se inclinó poderosamente a favor de la nueva reina Isabel. Su poder e influencia fueron ganando en importancia a la vez que la salud, sobre todo mental, del monarca iba empeorando. Junto con su primer ministro, el cardenal Alberoni, pronto comenzó a reclamar sus derechos de hegemonía en la Corona de España, además de proponerse desde el primer momento, reclamar sus derechos dinásticos en Francia, iniciativa que valió la firma del Primer y Segundo Pacto de Familia con la corona francesa.

Fruto de este matrimonio nacieron siete hijos, además de los dos herederos con los que ya contaba Felipe V de su primer matrimonio. Desde que fue madre, su obsesión se centró en favorecer los intereses de sus hijos frente a los de su marido. Se esforzó en procurar matrimonios importantes y estratégicos a sus hijos y se centró en que su primogénito, Carlos, lograse el trono de España, como al final así sucedió.

familia felipeV

Muchos son los testimonios que insinúan que la reina Isabel, “la parmesana” como la llamaban, fue la responsable de la muerte de sus dos hijastros, Luis y Fernando. El primero de ellos, se convirtió en rey de España en 1724, cuando Felipe V abdicó en él. Fue a partir de este momento, cuando Felipe e Isabel se retiraron al Palacio de La Granja a vivir. Isabel fue la artífice de toda la decoración del mismo que hoy podemos disfrutar, eligiendo con esmero todos los detalles. Sin embargo, este primer retiro apenas duró unos meses ya que Luis I murió el mismo año de 1724, a causa de una viruela, teniendo que volver a asumir el trono Felipe V.

Este segundo reinado de Felipe V quedó todavía más en las manos de las intrigas de la reina, estando el monarca ya muy debilitado debido a sus transtornos mentales. En 1746, Felipe V murió e Isabel no pudo remediar que su hijastro, Fernando VI, se convirtiera en rey de España, junto con su mujer Bárbara de Braganza. Desde este momento, Isabel se retiró a La Granja y comenzó la construcción del Palacio de Ríofrio, en donde pretendía formarse su propia corte.

Pocos años más tarde, en 1758, Bárbara de Branganza murió y su marido, que no pudo soportarlo, falleció también un año después. De este modo, todas las ilusiones y deseos de Isabel de Farnesio se vieron alcanzados, siendo su primogénito el legítimo heredero a la Corona de España. Carlos III accedió al trono en 1759. Como Carlos residía en Nápoles, hasta que éste llegó a España, su madre gobernó como Regente de España entre agosto y diciembre del mismo año. Isabel de Farnesio, fuertemente afectada de la vista, terminó sus días en el Palacio de Aranjuez, hasta su muerte en 1766. Sus restos descansan en el Palacio de La Granja, junto a los de su esposo, en un mausoleo emplazado en la Real Colegiata de la Santísima Trinidad, en la llamada Sala de las Reliquias, muy cerca de nuestro Restaurante.

Retrato_de_Carlos_III_de_España

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